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Con 14 años, a la estratosfera: el joven talento Julian Mayer gana “Jugend forscht”

Con 14 años, la mayoría de los estudiantes están pensando qué asignatura dejar.

Julian Mayer, en cambio, se preguntó cómo medir la radiación ionizante en la estratosfera y desarrolló su propio sistema de medición para lograrlo.

Historias como esta fascinan porque demuestran todo lo que puede surgir cuando la curiosidad se toma en serio. Cuando los jóvenes no se limitan a aprender lo que ya se sabe, sino que empiezan a plantearle sus propias preguntas al mundo.

En el grupo empresarial speedikon estamos convencidos de que la innovación no empieza en la empresa ni en un laboratorio de investigación, sino mucho antes: en las aulas, en proyectos de “Jugend forscht” y en mentes a las que simplemente se les da la oportunidad de hacer. El proyecto de Julian es un ejemplo impresionante de ello. Demuestra lo responsable, reflexiva y ambiciosa que puede ser hoy la investigación joven.

Y que así también se puede conseguir el primer puesto en la categoría de Geociencias y Ciencias Espaciales del concurso “Jugend forscht” y clasificarse para la fase regional.

En esta entrevista, Julian cuenta cómo nació su proyecto, qué aprendió durante el proceso y por qué el futuro de la exploración espacial a veces empieza en una habitación infantil.

Antes de profundizar: ¿puedes explicar con tus propias palabras en qué consistía exactamente tu proyecto, por qué lo elegiste y cómo te apoyamos desde speedikon FM AG?

«Mi proyecto consistió en desarrollar un sistema propio de medición de radiación con el que puedo medir la radiación ionizante en la estratosfera. La idea surgió porque quería entender cómo actúa la radiación al atravesar la atmósfera y distintos materiales, no solo desde la teoría, sino también a través de mediciones reales. Gracias al apoyo de speedikon FM AG pude llevar el proyecto a un nivel completamente nuevo. El patrocinio me permitió financiar componentes de precisión de alta calidad, necesarios para soportar las condiciones extremas de la estratosfera. Sin esa ayuda, la idea no se habría convertido en un sistema de medición tan sólido y técnicamente tan bien desarrollado.»

Tu sistema no se quedó en el laboratorio, sino que voló realmente en un globo estratosférico. ¿Cómo viviste ese momento y qué fue distinto a lo que habías imaginado?

«El lanzamiento del globo fue un momento muy emotivo, porque meses de trabajo de repente se hicieron realidad. Me sorprendió especialmente lo ventoso que fue el ascenso y, aun así, lo controlado que resultó, además de lo bien que coincidieron los cálculos con la trayectoria real de vuelo. Al mismo tiempo, me di cuenta de que una vez en el aire ya no se puede corregir nada y que todo tiene que funcionar desde el principio.»

¿Cuándo fue el momento en que pensaste: esto ya es más que un proyecto escolar?

«Fue con la primera prueba en oscuridad que salió bien, cuando el sistema que había construido yo mismo midió realmente eventos individuales de radiación. En ese instante supe que estaba haciendo física y tecnología de medición de verdad. A partir de ahí, yo mismo dejé de verlo como un simple proyecto escolar.»

Decidiste centrarte conscientemente en la electrónica de medición, aunque comparar materiales suene más espectacular. ¿Por qué?

«Sin un sistema de medición que funcione y que se entienda bien, las comparaciones de materiales dicen poco. Para mí era más importante comprender cómo se detecta la radiación y cuáles son los límites de la tecnología de medición. La electrónica es la base de todo lo demás.»

¿Cuál fue el mayor error o contratiempo del proyecto?

«El mayor contratiempo fue que, en modo multicanal, la alimentación eléctrica se volvió inestable y no pude operar todos los canales de medición al mismo tiempo. Fue frustrante, pero también muy instructivo. Aprendí mucho sobre integración de sistemas y sobre los límites técnicos reales.»

Si hoy tuvieras que explicar tu sistema a una ingeniera o a un ingeniero, ¿de qué estarías especialmente orgulloso?

«Estaría orgulloso de que todo el sistema fue desarrollado, montado y validado de forma autónoma, sin recurrir a soluciones prefabricadas. Especialmente del procesamiento limpio de la señal y de haber logrado medir con éxito en la estratosfera. Y también de haber podido analizar con honestidad las debilidades del sistema.»

¿Qué te enseñó tu proyecto sobre los límites reales de la tecnología espacial actual?

«Aprendí que la exploración espacial no fracasa por falta de ideas, sino por detalles como la estabilidad, el ruido o el suministro de energía. Muchos problemas aparecen cuando todo se integra. Precisamente por eso las pruebas son tan importantes.»

¿Hubo algún momento en que adultos subestimaran tu proyecto? ¿Qué les dirías hoy?

«Sí, al principio a menudo se consideró que el proyecto era demasiado ambicioso. Hoy diría que hay que dejar que los jóvenes experimenten en lugar de poner límites demasiado pronto. El aprendizaje suele surgir justo en los momentos en los que algo todavía no nos sale perfecto.»

A finales de febrero participaste con tu proyecto en el concurso “Jugend forscht” y obtuviste el primer puesto en tu categoría de Geociencias y Ciencias Espaciales. ¡Enhorabuena! Con ello te clasificaste para la fase regional. ¿Qué te enseñó esta experiencia sobre tu proyecto y sobre ti mismo como investigador?

«Como investigador aprendí que los errores no son callejones sin salida, sino en realidad los momentos más interesantes. Antes del concurso pensaba que todo tenía que funcionar a la perfección. Pero con el “problema en forma de diente de sierra” en la alimentación eléctrica entendí que un investigador de verdad no se rinde cuando algo falla o echa humo, sino que ahí es cuando empieza a profundizar de verdad. Descubrí que tengo la perseverancia para sumergirme en hojas de datos complejas hasta encontrar la solución. Eso me dio mucha confianza para futuros proyectos.»

Imagina que dentro de diez años miras atrás y recuerdas este proyecto. ¿Qué te gustaría que hubiera sido para ti: un comienzo, solo un experimento o un punto de inflexión?

«Espero que haya sido el comienzo. El momento en que entendí que puedo plantear mis propias preguntas y responderlas de manera sistemática. Quizás no el gran avance, pero sí el punto de partida.»

 

Imagen: Julian Mayer